«Todo mal» como concepto

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Yo pensaba que ser dramática era divertido y que decir a diario la típica frase de abuela “Ay señor llévame pronto” era una tontería, hasta que me di cuenta que mi forma de hablar expresaba todo lo que llevaba dentro. 

El drama no dejaba de ser un escape a lo que sentía  y parece una tontería pero si antes decía “señor llévame pronto”, es porque me hacía un favor si desaparecía de la noche a la mañana. No tenía nada que perder, y no hay peor sensación que ese vacío existencial en el que no valoras ni quién eres, ni lo que haces, y desconoces lo que puedes llegar a ser. 

Echo la mirada a atrás y analizo comportamientos que había normalizado y que no me levantaban ninguna sospecha de lo que llevaba dentro. El drama formaba parte de mi vida, incluso los stickers que utilizaba para expresarme por WhatsApp expresaban mi malestar interior. Es más mi frase típica era “todo mal”.

Lo normal no debería ser que todo sea mal, que mires a tu alrededor y la negatividad impregne tu vida. 

Insisto: “TODO MAL” NO DEBERÍA SER NORMAL

Si te encuentras en una situación parecida te animo a que escribas todos los días antes de irte a dormir 3 cosas buenas que te hayan pasado en el día, de esa manera antes de irte a dormir podrás ver que todo no ha ido mal. 

A mi me ayudó a valorar las pequeñas cosas del día a día, pero sobretodo a valorar a las personas que tenía a mi alrededor y por las que merecía la pena que el señor no me llevara pronto.

Cosas tan simples como unas risas con tu compañero de trabajo, o entrenar con tus amigos del gimnasio, dar un paseo con tu mejor amiga, o sacar tiempo para leer un libro que te gusta, darte una ducha de agua caliente o el café por las mañanas… esas son las pequeñas cosas por las que descubrí que merecía la pena seguir un día más. 

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